Soy Nuria Solís, artista autodidacta.
Creo obras en relieve 3D donde la emoción, la materia y la fantasía se encuentran.
¿Quién eres y a qué te dedicas?
Soy Nuria Solís, artista autodidacta. Mi trabajo nace de la necesidad de convertir emociones, ideas e imaginarios en materia.
Trabajo principalmente con relieve 3D sobre lienzo, utilizando volumen, textura, luz y color para crear obras que no solo se contemplan, sino que buscan provocar una sensación.
Mi universo artístico se mueve entre lo emocional, lo simbólico y lo fantástico, explorando tanto la luz como la oscuridad y todo lo que existe entre ambas.
Mi lenguaje artístico está basado en la materia y la emoción.
El relieve es fundamental para mí porque me permite salir de la superficie y construir una obra que tiene presencia física. La textura, el volumen, las sombras y la luz forman parte del propio lenguaje de la pieza.
No quiero que el espectador solamente vea una imagen. Quiero que sienta que hay algo detrás de ella.
Porque para mí el volumen cambia completamente la relación con una obra.
Cuando una figura sobresale del lienzo, aparecen sombras, profundidad y movimiento. La pintura deja de ser solamente una imagen y empieza a convertirse en algo tangible, casi escultórico.
Es la forma que encontré de expresar cosas que en una superficie plana sentía que no podía contar del todo.
Las emociones están presentes incluso cuando no son el tema evidente de una obra.
Hay piezas que nacen directamente de experiencias y estados emocionales, y otras que parten de un personaje, un símbolo o un universo fantástico.
Pero detrás de todas ellas intento encontrar algo humano: la fuerza, el miedo, la libertad, la vulnerabilidad, la transformación, la lucha o la esperanza.
No las entiendo como conceptos opuestos de “bueno” y “malo”.
La luz puede representar esperanza, transformación o descubrimiento. La oscuridad puede hablar de misterio, miedo, introspección o de aquello que todavía no comprendemos.
Ambas forman parte de nosotros.
Por eso me interesa trabajar con contrastes: zonas oscuras frente a puntos de luz, figuras inquietantes frente a elementos delicados, fuerza frente a vulnerabilidad.
La fantasía siempre me ha permitido explorar ideas que van más allá de lo cotidiano.
Me atraen los personajes, criaturas y símbolos que forman parte del imaginario colectivo porque contienen algo que todos podemos reconocer: poder, miedo, lucha, belleza, oscuridad, esperanza o transformación.
Pero no busco simplemente reproducirlos.
Me interesa reinterpretarlos desde mi propio lenguaje artístico, convirtiéndolos en materia, volumen y emoción.
Para mí no son dos caminos separados.
Una obra puede representar un personaje fantástico y, al mismo tiempo, hablar de algo completamente humano.
Por eso puedo pasar de una obra abstracta o emocional a una figura fantástica, una criatura, una armadura o una arquitectura gótica.
Lo que cambia es la forma de contar la historia; la emoción sigue estando detrás.
No me interesa hacer una copia.
Me interesa preguntarme qué representa ese personaje para mí y qué puedo contar a través de él.
El relieve me permite llevarlo a otro terreno: darle peso, presencia, textura y una dimensión casi escultórica.
Así, una figura conocida puede convertirse en una obra que tenga su propia identidad.
Siempre he estado vinculada a la pintura, pero mi lenguaje actual fue apareciendo poco a poco, a través de la experimentación.
Soy autodidacta y gran parte de mi aprendizaje ha consistido en probar, equivocarme, volver a empezar y descubrir qué materiales y técnicas me permitían expresar mejor lo que quería contar.
Nunca fue un camino completamente definido desde el principio.
Fue la propia obra la que me fue mostrando hacia dónde quería ir.
Crear es una forma de conectar conmigo misma, pero también de conectar con los demás.
Hay cosas que pueden ser difíciles de explicar con palabras y que, sin embargo, pueden aparecer en una obra a través de una textura, una figura, una sombra o un color.
Por eso cada pieza es, de alguna manera, una conversación sin palabras.
No busco que todo el mundo sienta exactamente lo mismo.
Me interesa mucho más que cada persona encuentre su propia interpretación.
Quizá alguien vea oscuridad donde otra persona vea misterio. Quizá una figura le transmita fuerza a alguien y vulnerabilidad a otra persona.
Si una obra consigue que alguien se detenga, mire un poco más y sienta algo, para mí ya ha cumplido su propósito.
No necesariamente.
Algunas obras nacen de una experiencia o de una emoción muy concreta. Otras empiezan simplemente con una imagen que me fascina y que quiero llevar a mi lenguaje.
Y también creo que una vez que una obra sale de mi estudio, deja de pertenecer únicamente a mi interpretación.
El espectador también forma parte de ella.
Creo que, sobre todo, he ganado libertad.
Antes me preocupaba mucho más hacerlo “bien”. Ahora me interesa más hacerlo mío.
He ido incorporando más volumen, más textura, más contraste y una mayor libertad para moverme entre distintos universos: desde obras profundamente emocionales hasta la fantasía, la mitología o la reinterpretación de personajes.
Ya no siento que tenga que elegir una sola forma de expresarme.
Me inspiran las emociones, las experiencias humanas y los contrastes.
La luz y la oscuridad. La fuerza y la fragilidad. Lo real y lo imaginario. Lo bello y lo inquietante.
Y también me inspira la propia materia: qué puede llegar a convertirse un lienzo cuando dejas de tratarlo como una superficie y empiezas a construir sobre él.
Seguir desarrollando un lenguaje que sea reconocible como mío.
Quiero seguir experimentando con el relieve, ampliar formatos, explorar nuevos universos y llevar mis obras a más espacios y exposiciones.
Pero, sobre todo, quiero que cada nueva etapa me permita ir un poco más lejos que la anterior.
Emoción. Materia. Transformación.
Que no todo lo que sentimos necesita palabras.
A veces una textura, una sombra, una figura o un punto de luz puede decir mucho más.
Y quizá eso es lo que más me interesa del arte: crear algo que primero se mira, después se siente y, con suerte, permanece un poco dentro de quien lo ha visto.